Bicicletas públicas, el nuevo medio de transporte en algunas ciudades

La idea llega importada desde ciudades como Holanda o Dinamarca, donde el transporte más utilizado entre los habitantes de las grandes urbes es la bicicleta: no contamina, permite hacer ejercicio a diario, su uso es más económico y evita los atascos. Todo son ventajas a la hora de moverse sobre dos ruedas sin motor. La idea primigenia del uso de la bicicleta como transporte urbano surge en Ámsterdam en la década de los años 30 del siglo pasado, ahora bien, no terminó de funcionar. La razón del fracaso del proyecto como tal fue el vandalismo, parece que el ser humano no es capaz de compartir una bicicleta con sus semejantes sin robarla, romperla, pintarle algún que otro dibujo o pincharle las ruedas.

En principio el modelo original de funcionamiento era el uso de bicicletas compartidas de manera civilizada, gratuitamente y dejándolas aparcadas una vez finalizado su uso. Es materialmente imposible. El modelo que está instaurado en España es el de pago para el usuario mediante una tarjeta específica que se recarga previamente y que permite el uso de las bicicletas. La empresa mayoritaria que está gestionando los alquileres es JCDecaux, y existen dos formas de cobro: o bien el Ayuntamiento de turno paga un canon a la empresa adjudicataria (Barcelona donde gestiona el servicio la gran competidora Clear Channel) o bien le paga “en especie”, le da la posibilidad de gestionar algunas marquesinas publicitarias o algunos relojes de la ciudad (Valencia). Hay bicicletas públicas en otras ciudades de España como Zaragoza, Sevilla o Gijón, entre otras.

En Madrid estaba previsto que el servicio se instaurara en 2011 pero llegó la crisis y con ellas las tijeras, así que de momento la capital deberá de esperar a que el Ayuntamiento vuelva a incluir en sus presupuestos la gestión de bicicletas públicas. En cualquier caso resultaría un tanto caótico dar cabida a las bicicletas públicas en la ciudad cuando los carriles bici no son muy abundantes. Sería abrir la puerta al caos y al peligro para peatones, bicicletas y automóviles porque Madrid no está preparada para dar paso al transporte en bicicleta.

Por otra parte resulta un tanto sospechoso que sean únicamente dos empresas, (mayoritariamente una, JCDecaux) las que resulten ganadoras de los concursos adjudicatarios del servicio, o tal vez sea una cuestión de que únicamente se presentan ellas. No, no es así, en el proyecto para Madrid había una empresa ya implicada que pretendía hacerse con la concesión. Evidentemente se quedó, como se suele decir, plantada “y sin novio”.

La bicicleta es un medio alternativo interesante para el transporte, pero ha de serlo en una ciudad donde se respete al ciclista, donde tenga sus espacios para circular y donde ir en bici no sea un riesgo de cara a sufrir un accidente con algún coche. No se puede empezar la casa por el tejado y adjudicar un servicio que no tiene por dónde ir, porque es cierto que la ciudad tiene el paseo junto al río, pero debe ser que la clase política aún no ha entendido que no todo el mundo vive ni trabaja en la zona de Madrid-Río. De hecho hay mucha gente que ni siquiera trabaja.